sábado, 27 de junio de 2009

“El transporte público de pasajeros fue de singular importancia en la zona porque ante el crecimiento demográfico y la proliferación de centros urbanos en el Gran Buenos Aires los ramales de ferrocarriles no alcanzaban a cubrir las demandas de los usuarios. El servicio del Ferrocarril Midland tenía sus limitaciones y si bien a mediados de siglo pasado era el camino más directo y rápido hacia la Capital Federal, la conexión con otros pueblos de La Matanza y con el barrio capitalino de Liniers debía realizarse de otra manera. Fue así que comenzaron a surgir emprendimientos para la cobertura de esos recorridos que tomaron como columna vertebral la ruta nacional 3; por esos años todavía conocida como Camino Real a Cañuelas. Hacia fines de 1938 el gobierno municipal dejó sin efecto una ordenanza aprobada en mayo de ese año y por la cual se había expedido una habilitación para una compañía de micro ómnibus, compuesta por Bartolomé Cassina y Andrés Costa Vergés, para el servicio de transporte de pasajeros entre las localidades de Isidro Casanova y Ramos Mejía. ¿El motivo? La empresa decidió renunciar a la concesión por la poca rentabilidad del negocio. La gestión del intendente Agustín de Elía decidió de inmediato ceder la concesión al empresario Antonio Canda para que brinde un servicio de transporte de pasajeros desde Liniers, por la calle Rivadavia y la estación Isidro Casanova. Si bien esto demuestra que hay antecedentes de transporte público en la zona entre las décadas del '20 y del '30; la fecha oficial de constitución de Transporte Ideal San Justo es el 7 de marzo de 1943. No hay que olvidarse que las frecuencias entre coche y coche no eran abundantes y que para no perder el colectivo muchos vecinos llegaban con gran antelación a la parada. Tal era el caso de los primeros vecinos del barrio Atalaya que debían llegar hasta la ruta caminando por Coronel Quesada (República de Portugal) abriéndose camino por los zanjones y huellas de tierra que encontraban a su paso. Otros llegaban en sulky y esperaban allí el colectivo. Fue en el bar La Parada donde funcionó el control de la empresa para los colectivos hasta que instalaron una cabina en la vereda para depositar la recaudación de cada vuelta.” -del libro “Isidro Casanova. La Historia de un Pueblo, la Vida de una Ciudad”.